Somos otros

(A propósito de las protestas de abril de 2017 consecuencia de la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela de quitar las competencias a la Asamblea Nacional, elegida por voto popular).

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Este es Hans Wuerich, el joven que se desnudo en una protesta en la autopista Francisco Fajardo (la principal vía de la ciudad de Caracas) Fotografía: Donaldo Barros

En 2014, escribí un texto en este blog que me llevó a publicar mis escritos en un medio digital como una columna de opinión (ya no publico allí). Hoy, después de tres años de haber escrito ese post,  retomo mi blog Filosofía Barata  por la misma razón: las protestas en Venezuela que piden el final de un gobierno abusivo.

El venezolano se ha transformado, para mi es un hecho.

Siempre pensé que vivimos lo que vivimos porque algo nos toca aprender. Hoy me doy cuenta que no ha sido “algo”, ha sido mucho.

Creo que aún me falta por procesar e integrar aprendizajes que han hecho que seamos otros como población. Hoy hago este breve resumen de algunos hechos que me han hecho reflexionar:

• La gente en las protestas, no se retira a la primera ráfaga de bombas.
La gente ha salido a la calle, no una, ni dos veces, ya van más de 10. No espera que las cosas cambien de un plumazo y ahora el sentir es Resistencia.
El oeste de Caracas se ha manifestado. Y los políticos de oposición también voltearon a ver hacia ese punto cardinal.
Ya no hay cantos, camiones con música, “fashion” en las marchas de la oposición.
• Esta vez los políticos se han fajado en la punta de las marchas. Desde los más viejos hasta los más jóvenes han tragado gas lacrimógeno.
La represión (bombas y perdigones a los edificos y a quemaropa) que en 2014 se vió a los dos meses de protestas (vivía y vivo en Chacao) esta vez la aplicaron en los primeros días.
• Hasta ahora 3 eventos que quedarán para la historia y que surgieron espontáneos: Una señora mayor se plantó ante una tanqueta solo con la bandera y algo para cubrir su rostro; un joven desnudo y solo con una Biblia en la mano se paró y montó en tanquetas de la GNB; una monja conversó con un Guardia en una de las protestas y el guardia la trato “bien” (la gente no lo podía, ni quería creer)
• Cientos de venezolanos se lanzaron a El Guaire (el río-cloaca de Caracas) huyendo de las bombas lacrimógenas y de la represión.
• Ante el vacío de información de parte de los medios tradicionales, los periodistas se hicieron del objetivo primario de su profesión (hacer pública información verificada) y se unieron para dar reportes informativos gratis a través de la tecnología que tenemos a la mano.

Probablemente hay más y más detalles que en este momento no alcanzo a ver. Pero sin duda, somos otros. Los venezolanos nos transformamos desde aquellas protestas de 2001 y 2002 y quizá eso es evolución… Cada quien lo interpretará según su realidad, la certeza que tengo ahora, es que somos otros.

Regreso a este blog, en esta dirección

En algún momento anuncié que mi blog (este que están leyendo) se fue al site de noticias Contrapunto. Y ciertamente allí estuve un par de años escribiendo, más que un blog, una columna de opinión.
Pero por cambios en la editoría de ese medio decidieron que mi columna no se publicaría más allí, porque no tenía los lectores que ellos esperaban. Así que me tomé un descanso por unos meses sin escribir nada para el formato de este blog.
Sin embargo al intentar llegar de nuevo a los links donde se supone estaban mis escritos o entradas, no logré encontrarlos, desaparecieron, la dirección está “rota” como se dice en el argot de internet.
Así que me he propuesto republicar los artículos que ya habían sido publicados en Contrapunto, pero en su hogar original; este blog en wordpress.
Trataré de darle la cronología con la que los escribí, incluso si los temas no tienen vigencia. Claro que ya no contaré con la corrección de estilo que me hacía mi estimada amiga, cuasi hermana y colega María Elisa Espinoza, pero en todo caso, bienvenidos son de nuevo a mi espacio de reflexión: Filosofía Barata¡

“Ah puej, tu me entiendes”

Los venezolanos cuando hablamos, acortamos las palabras, somos “mal hablaos”. Las preposiciones no las pronunciamos completas y decir la erre parece que nos costara levantar una pesa de 10 kilos con la lengua. Sin embargo nos damos el tupé de cuestionar el modo de hablar de otros hispanoparlantes.

Nos reímos cuando los españoles se refieren a la v “pequeña” –así la llamamos- como la “v uv”. Para ellos CANTV, se deletrea Cantvuv y PDVSA sería Pdvuvsa. Ni por asomo diferenciamos la s de la z cuando hablamos, y menos la r de la rr.

Pensamos que los dominicanos y los puertorriqueños tienen una pronunciación “muy mala” del idioma y que son muy informales al expresarse de forma cotidiana.

Creemos que no tenemos “acento” al hablar, que nuestra pronunciación es “neutra” y eso, definitivamente es pecar de “ombliguistas”. Porque, ¿Por qué creer que nuestro modo de hablar es neutro y el de “los otros” tiene una afinación?

Viviendo en Estados Unidos, tuve que llamar a una compañía de servicio telefónico y al seleccionar la opción para comunicarme en español, lo que escuché por el auricular fue: “Hola miamol, buenas taldes, aquí tamos pa servirle”. ¡¡¡Madre mía¡¡¡ por unos segundos, sentí que había llamado a una línea caliente, y me dije “¿Qué es esto?”. Bueno, “eso”, era mi reacción egocéntrica y de prejuicio ante un modo de hablar en español. Porque después reflexioné y caí en cuenta que los latinos que viven y trabajan en Estados Unidos, no son artistas del doblaje de películas o series de TV, son personas comunes y corrientes, con un origen, el de su país, y hablan como se habla el español allí. Eso, si lo pensamos un poco, no tiene que ver con que hablen mal o bien, solo que son contratados por que hablan español.

Si volvemos a las palabras “acortadas”, tenemos por ejemplo, que si un británico escuchara la gaita “Vamos todos pa´que Luis, allá por Santa Lucía”, y le gustara, y para saber qué significa, la escribiera en el traductor de Google, éste arrojaría como resultado en inglés: “we tood luis pa”. Una expresión sin sentido. ¿Pero se imaginan que en vez de cantar “vamos todos pa´que Luis” cantáramos “Vamos todos para casa de Luis”?… no, no, eso no sonaría a gaita venezolana.

Lo más interesante es que el venezolano común habla así, “mocho”, y nos entendemos. Esa forma de hablar está yendo más allá, genera nuevas palabras, modismos que igual comprendemos –quizá nos cuesta un poco- pero al final sabemos qué nos quieren decir. Por ejemplo: “Ques lo que ta pasando”. “Ta bien puej”, “No mijo”, “Date pues”.

Hasta se está transformando la escritura. En los mensajes de texto, ya sean a través de conversaciones virtuales o en redes sociales, se ve como en vez de escribir pues, se escribe puej y los apóstrofes se están volviendo cotidianos. Gracias a ello conozco mucha gente que casi muere de un infarto cada vez que leen un texto escrito de esa manera. Pero la realidad es que el venezolano está escribiendo y hablando así.

Soy del parecer que cuando los modos cambian, se genera una transformación que no se puede parar. Y aunque también se, que hay puristas del lenguaje que abogan por escribir correctamente, en la práctica, nos comunicamos diciendo: “Pa ver”, “Pa dónde vamos”, “Es pa ti”.

Filosofía Barata ahora está en Contrapunto.com

Se que no son muchos los seguidores de este blog, pero son, así que les debía la explicación de por qué no han aparecido más post aquí. Y es que gracias a la entrada publicada antes que esta, me pidieron llevar este blog al portal contrapunto.com. Si quieren leer lo que he escrito desde aquella vez sobre las bombas en Chacao pueden entrar aquí: Filosofía Barata en Contrapunto

Por qué estoy HARTA de las bombas y protestas violentas en #Chacao

Tomado de la cuenta de @Mmorin_informa

Foto tomado de la cuenta de @Mmorin_informa. Intersección entre Calle Monseñor Grill y avenida San Ignacio, también conocida como Uslar Pietri o Mis Encantos. (30 de marzo de 2014 7:51 pm)

Son casi 40 días los que llevo tragando bombas en mi casa. Pero no solo tragando bombas. Duermo con un pote de “Malox” al lado de la cama. Cierro las ventanas y pongo música o el TV a todo volumen. La palabra “Resistencia” me suena egoísta.

“Ya se prendió el peo en Chacao”, “Ya están lanzando bombas”, “se acercan tanquetas por la calle Élice”, son algunos de lo mensajes en Twitter que me alertan y me indican que tengo que salir corriendo para llegar a mi casa.

Tomo el carro y manejo en estado de zozobra. Llegó al epicentro en que se ha convertido la cuadra donde vivo. A veces respiro aliviada y me digo “aún no han puesto la guarimba” y logro llegar al estacionamiento donde debo guardar mi carro, porque a la semana de haber comenzado los disturbios, lo abrieron frente a mi casa y me robaron el reproductor. Otras veces, ya la guarimba está puesta y tengo que subirme por la acera para parar el carro en la calle, porque el estacionamiento lo cierran si hay disturbios.

Si llegó al estacionamiento debo caminar una cuadra hasta mi casa –con un problema en una rodilla que no me permite correr- y en ocasiones durante todo ese trayecto, respiro el olor de las bombas y el humo de la basura quemada y claro está, en un estado de alerta extrema por si pasa “algo” mientras acudo a mi hogar.

Una noche llegué de la universidad donde imparto clases –durante un mes no fui por la situación en mi zona- y ya había una guarimba en mi calle. Del carro delante del mío, se bajó un señor y apartó una caja en llamas para que pudiéramos pasar. A pocos metros me estacioné y él delante de mi, de ese carro se bajó una mujer con una niña cargada en brazos que a lo sumo tendría 8 meses. Mientras se olían las bombas y el humo copaba el ambiente.

Ya dentro de mi casa debo cerrar ventanas. Los primeros días, pasé las noches con un pote de vinagre pegado a la nariz, pero llegó un momento que ni el vinagre mitigaba los efectos de las bombas, y debí buscar “Malox” –no encontré, compré un genérico- que hasta ahora es lo que me para la irritación de la garganta, ojos y nariz.

Todas las noches escucho explosiones, detonaciones, gritos que se acercan y se alejan del edificio donde vivo y aunque me encierro para que no entre el gas lacrimógeno y escuchar menos fuerte lo que ocurre afuera, no logró conciliar el sueño si no hasta después de la medianoche cuando suele calmarse la situación en la calle.

Al día siguiente, salgo al trabajo. Vidrios como alfombra en la calle y sobre los carros (reducto de lo que los vecinos lanzan a la Guardia Nacional), basura y su respectivo olor, vecinos barriendo y recogiendo los destrozos de la noche anterior. Quioscos quemados o bañados con aceite, avisos publicitarios destrozados, aceras rotas y paredes devastadas (supongo que son el insumo para las “piedras” que lanzan a la Guardia Nacional). Alcantarillas fuera de su sitio y grúas de la alcaldía de Chacao poniéndolas en su lugar. El olor a lacrimógenas a veces continúa.

Lo último que vi esta mañana fue como desnudaron el perímetro de un terreno en construcción hecho con láminas de metal. Intuyo que es para usarlos de escudo por parte de los que se enfrentan a la Guardia Nacional.

En resumen: vivo en una zona de guerra, aunque hace 45 días era el mejor municipio de Caracas.

Con todo esto, digo en tono de sorna: trato de mantenerme “Zen” -pero aún no he pasado temporadas en el Tíbet para aprender- y pienso: “Por lo menos estoy más alejada de la avenida Francisco de Miranda” donde se centran las refriegas noche, tras noche, “La gente que vive allí debe estar pasándola peor”.

Pero luego me cuestionó y me pregunto: “¿Y por qué?, ¿Por qué hay que “pasarla”?. ¿De qué sirve todo esto?. ¿De qué sirve una protesta violenta, destructiva?. ¿Es más efectiva la protesta violenta que la pacífica?.

¿Qué se ha logrado con todo esto?. Entonces me molesto.

Estoy molesta, realmente molesta, harta en realidad, por qué nunca he estado de acuerdo con la violencia, aunque se que existe y es parte de la naturaleza humana.

Pero como dice la frase trillada “la violencia genera más violencia”. No logró comprender la victimización que no conduce a un resultado concreto. No logro comprender para qué se destrozan 4 calles de un municipio. Cuál resultado político se obtiene con eso.

Si lanzas piedras no vas a recibir flores. Si lanzas bombas molotov, vas a recibir perdigones.

¿Es que acaso a los pocos días de esas protestas violentas, los que la realizan, no se dieron cuenta que este régimen va con todo?. Que no solo va a echar agua, que nos van a ahogar en bombas, que han enviado a sus fuerzas paramilitares a amedrentar, disparar, golpear a quienes lanzan piedras y bombas molotov, incluso a simples transeúntes.

Me molesta que haya gente que diga: “Esa es la lucha”, “Los estudiantes dan la cara por el país”, “Venezuela no te rindas”. Pues ya no se si son estudiantes. Deben haber algunos. Pero según relatos de algunos vecinos, también son vecinos de Chacao y personas que vienen de otras partes de la ciudad. Ante los actos, para mi son vándalos.

Me molesta ver videos con tono “poético” de la protesta, con jóvenes encapuchados besándose y una cámara lenta con una música épica. ¿Creen que se la están comiendo?. Pura pasión y nada de razonar.

¿Cuál es la diferencia entre el hampa que no me deja transitar de noche y la guarimba que me obliga a no transitar?.

¿Por qué las protestas en Caracas se han concentrado en Chacao? y los que viven en otras zonas se dan el tupé de decir: “Sigan así. Chacao no se rindan”.

Una amiga, compañera de trabajo y vecina, me dice que la tildaron de “egoísta” por quejarse de lo que estamos viviendo aquí. ¿Egoísta?, ¿no es egoísta decidir por la fuerza que tu forma de lucha (violenta) no las tenemos que calar?.

Todo se reduce entonces a quien impone la fuerza y el terror: Los guarimberos, tira piedras y molotov y la Guardia Nacional. Ambos, en distintas dimensiones están actuando con la misma premisa. Lo han hecho en Chacao y en otras ciudades del país.

Entonces no puedo dejar de decir: ¿Para qué sirve todo esto?. ¿Qué se logra?. Si más bien en vez de sumar adeptos, la protesta violenta ha dividido a quienes no estamos de acuerdo con el gobierno de Venezuela.

¿Alguien piensa a estas alturas que es una buena estrategia?. ¿Alguien cree que se logrará o se ha logrado algo con destrozar cuatro calles en Chacao?. Y No me digan que la idea es crear el caos, que se arme “el peo”.

Señores “el peo” ya está armado… en cuatro calles de Chacao y no veo que haya bajado el dólar, que se consiga harina, aceite, azúcar o café; no han disminuido las muertes violentas, no ha dejado de faltar agua o luz; siguen cerrando empresas, el poder sigue en manos de la misma gente y OH sorpresa¡ para aquellos que nunca pasan de Plaza Venezuela hacia el oeste, el resto de la ciudad sigue igual.

En resumen, hoy leí un tuit que en cierta forma encierra parte de mi sentir:

“@mjferreiro: ridículamente desenfocados y creyéndose en medio de una “épica” que no existe donde los muertos los ponen otros y NO hay salida”.

Al terminar este escrito, el domingo 30 de marzo a las 8:20 de la noche, olía gas lacrimógeno en mi casa, se oían detonaciones y explosiones en mi calle y gritos de “vente pues”… escribían en tuitter que quemaron una ballena en la esquina de mi calle. Que gran logro… todavía deben quedarle cientos de ellas a la GN.

Existe algo tan inevitable como la muerte: la vida

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Mucho, mucho tiempo sin escribir aquí. Pero como lo rico de tener un blog así, sin mayores pretensiones que reflexionar, es hacerlo cuando lo sienta necesario, aquí voy de nuevo a hablar sobre el último acontecimiento más importante y determinante que me ha ocurrido: la muerte de mi esposo.

Como todos saben la muerte es el hecho que determina el fin de la existencia. A quienes les ha tocado vivir la muerte de un ser querido tal vez puedan comprender mi experiencia, o quizás no, pero tienen una buena noción de lo que implica ese acontecimiento. Nos marca, nos define, nos pone en una encrucijada. Nos hace revalorar aspectos de nuestra vida y poner en perspectiva lo que ocurre en ella.

Todos aquellos que me conocen y me aprecian, me han manifestado admiración por la forma como he llevado la muerte de alguien que era mi complemento, el ser más cercano, con quien compartía casi todo lo que era mi vida. Y cuando muere alguien tan cercano, tan de uno: queda un vacío, quedan preguntas y más preguntas, que bajo mi óptica solo pueden ser respondidas con el abecedario de nuestras creencias. ¿A dónde va la gente cuando muere?, ¿Qué hay después de la vida?, ¿Qué pasa con ese ser?, ¿Él estará bien?, ¿Estará mal?… un largo repertorio de interrogantes.

Creo que algo determinante para mi, ante la muerte, es que nunca me pregunté ¿Por qué?, ¿Por qué a mi, a él?, ¿Por qué me abandonaste?. No, esas preguntas no pasaron por mi mente. Porque para mi, la muerte es lo más concreto, lo más seguro, lo que corresponde cuando se está vivo.

En algún momento después de su partida, me pregunté: ¿Pero quisiera que estuviera aquí? Y de inmediato dije: “No”. Querer que se mantenga en esta plano o dimensión es, según mis creencias, el mayor de los egoísmos. Porque para mi, él lo logró; trascendió, cumplió, llegó y pasó, consiguió el fin último de la vida.

Fortaleza, superarlo, resignación, son de las palabras que escuché de quienes me manifestaron su afecto, y esas palabras son más sencillas de asimilar cuando se vivió plenamente a esa persona que partió.

¿Extrañarlo? si, pero lo hago con satisfacción, con una vida bien vivida, por eso me siento en paz.

Ahora tomé una máxima de mi vida y la exploto a cada momento: soy una persona feliz, alegre y esa es mi esencia, es como el dicho: “o ves el vaso medio lleno o lo ves medio vacío”; es decir, o se asumen los acontecimientos desde la tristeza, la nostalgia, la pesadumbre o se ve el lado amable; el sol aún brilla, la vida sigue con todas sus posibilidades, porque la muerte cuando toca, no tiene remedio, no hay forma de cambiarla, es lo más concreto y seguro en la vida.

Como leí en un post en Facebook, de un personaje que me fascina: “Existe algo tan inevitable como la muerte: la vida”. Charles Chaplin.

 

A propósito del velorio de Chávez ¿Podremos aceptarnos?

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Los últimos acontecimientos en mi país, específicamente la muerte del Presidente Chávez, me han hecho reflexionar acerca de si algún día lograremos reencontrarnos chavistas y opositores. O quizá no reencontrarnos, pero si aceptar que pensamos distinto. Practicar, esa palabra que tanto suena en Venezuela: tolerancia.

Y pienso que es complicado, porque de un lado y del otro, lo que escucho son expresiones como: “que bolas tienen” (por pensar de una u otra forma), “están locos”, “que equivocados”, “cómo se les ocurre” o “a quién se le ocurre”…

El punto es que cada bando piensa distinto al otro (con sus respectivos matices) y más aún, cada lado está convencido que su forma de pensar es la correcta, es la que debe prevalecer, es la que tiene sentido, es la que tiene lógica. “Es el camino que hay que seguir”.

Entonces me pregunto si en algún momento lograremos aceptar esa realidad (pensamos distinto) y no intentar imponer la visión que cada quien tiene, sobre lo que le conviene al país.

De forma particular, el velorio del presidente Chávez ha generado críticas entre los opositores, porque en el velorio de Chávez, se ha aplaudido, se ha cantado, se ha bailado y para muchos adversarios al Presidente, un velorio es un momento de tristeza, recogimiento, constricción, y siendo el Presidente de la República, de solemnidad. Para muchos actuar de esta forma, es “respeto” a la memoria del fallecido.

Pero lo que muchos de esos críticos olvidan es que en Venezuela es común que en un velorio existan los que echan chistes o se toman unos cuantos tragos “encapillaos” “a la salud” del que reposa en el féretro. En resumen, el velorio se convierte siempre en un evento social.

Y aquí vamos a algo que ha signado gran parte de la historia venezolana; esa chocante comparación entre clases sociales: los pobres, los ricos o la clase media.

Pues en el velorio de un motorizado por ejemplo “se echa plomo” (disparan al aire) y se bebe ron -u otra bebida espirituosa- a “pico e botella”, se escuchan canciones de salsa, usualmente, y así se despide al muerto.

En los velorios de “los ricos” los que acuden se trajean bien, porque es una forma solemne, educada, de dar respeto al muerto.

Sin embargo en cualquiera de los velorios siempre hay llantos. Sosegados, desesperados, alternados.

Mi reflexión entonces es: ¿Es más auténtico el dolor de los que lloran, homenajean a sus muertos con música y caña, o los que de forma solemne acuden a la funeraria para dar “un último adiós”?.

La respuesta para mi es simple: creo que no.

Cada quien siente y expresa su dolor a su manera, cada quien cree que esa manera es la correcta y para algunos, la forma del otro es incorrecta.

Así que en parte, el velorio del Presidente de Venezuela, me ha hecho pensar en cuál podría ser la fórmula para convivir sin “vivir” en una perenne crítica o rechazo a los puntos de vista del otro. Porque si se es fiel a las convicciones, es muy difícil que te cambien la forma de pensar.

Para mi la fórmula estaría en acordar una especie de baremo, una tabla de objetivos, de resultados satisfactorios, concretos para ambas partes, (el dolor genuino en caso del velorio). Que no permita que los resultados sean válidos según el cristal con que se mire. Que no abra la posibilidad de justificaciones, porque de eso tenemos kilómetros recorridos los venezolanos (si es para mi beneficio está justificado, si es otro el que realiza una acción incorrecta, está mal hecho). Por ejemplo: si alguien se atraviesa en un paso público, el que se atraviesa siempre tiene una escusa y una justificación, pero para aquel que se siente afectado y le trancan el paso, ese es un loco, irresponsable.

Y esta reflexión surge también del eterno debate entre socialismo y capitalismo. Entonces yo digo, bueno veamos los resultados de ambas doctrinas, que sin duda alguna generan también miles de críticas y acarrean en sí, muchos errores.

¿Podríamos acordar entonces claramente “una vara” para medir, definir, establecer, el logro de un objetivo específico?. ¿Podríamos aceptar que cada quien piensa distinto al otro y eso no implica que esté equivocado?.

Insisto que una fórmula probable es convenir, acordar, qué se quiere lograr. Si alguna tendencia lo logra, entonces debería ser aceptado. Lo difícil -y estoy conciente de ello- es que nos quedamos en las formas, en los sentimientos, en como “yo” querría que se hubiera hecho y nos cuesta mucho asumir, que el otro no estuvo equivocado al lograr el objetivo tras un camino distinto al mío.

Yo jamás perderé las esperanzas.